sábado, septiembre 02, 2023
María Soledad: Guerrera
Te vi y me sonreíste. Te abracé, me abrazaste de vuelta.
Te di cinco besos en tu
cachete, olías rico, a mamá con perfume, tu cara suave, tu ropa sport, con
zapatillas. Flaca, fumando tu pucho.
Toda sonrisas. Te vi más linda que cuando
eras mi suegra, años atrás. Te vi tranquila, jovial, bueno, eres joven, muy
joven. Como joven te casaste y fuiste mamá. Primero de una niñita y dos años
después de un niñito. Ese niñito sería mi compañero por siete años.
Todos podían
contar contigo para todo. Si era necesario viajar desde Valparaíso a Santiago a
darle almuerzo a tu nieto, venías ligera.
Como una plumita.
Te cuento un poco de
ti, eres buena, eres una mujer inteligente, tienes unos valores maravillosos que
transmitiste a tus hijos y a quien te conoce.
Una plumita, porque eres flaca y
con lindo cuerpo, como no todas las mamás lo son. Menos cuando llegan a abuelas.
Una plumita, porque armas un almuerzo exquisito en 5 minutos, y te queda
maravilloso. La mejor cocinera.
Una plumita, porque no te haces problemas, les
pasas por arriba y sigues adelante, buscas soluciones más bien. Las ejecutas de
inmediato.
Una plumita, en una plumita se está convirtiendo tu memoria.
Una
plumita al viento, se va, vuelve, se va de nuevo.
Ya no podrás estar sola, como
tu nombre, como mi nombre. Las dos somos María Soledad, las dos nacimos en la
quincena de marzo, las dos somos ejecutivas, las dos resolvemos más que
quedarnos sentadas.
Pero tú, María Soledad, eres una guerrera. Una guerrera,
querida Marisol.
Diste todo por tu familia, por la tuya propia y por la familia
de la que vienes. Hoy es turno de todos ellos, dar por ti.
Ya no podrás estar
sola, escribí antes, porque esta plumita en la que se está convirtiendo tu
memoria, puede irse con el viento por largos ratos, y nadie quiere perderte.
Espero que disfrutes a tu nieta exquisita, espero que la plumita se vaya lento,
muy lento, lento como a veces uno siente que pasan los días tristes.
Pero nunca
estarás triste, porque te vas a volver nuevamente una niña, una niña feliz
encapsulada en su mundo.
Los recuerdos se disiparán, pero quedarán los más
importantes, y quizás vuelvan los menos importantes, pero da igual, vas a estar
bien en tu mundo.
Guardaré tus historias, las que me contaste de tu matrimonio,
el nacimiento de tus hijos, de cuando eras escolar, de cuando sacabas fotografías
en matrimonios a los niños en el colegio, cuando ibas a la playa con tus niños
y te pasaban anécdotas.
Guardaré tu viaje a Israel, Turquía y Europa.
Guardaré
todo eso en una cajita que me fabriqué para ti. En mi corazón.
Recordaré por ti,
tu marido recordará por ti y tus hijos recordarán por y para ti.
No olvides
esto: Eres una guerrera, María Soledad Guerrero.
Te quiero y quiero darte cinco
besos más por cachete, incluso si no sabes quién soy. Porque yo sé quién eres.
