viernes, junio 22, 2012

 

EL GRAN HOWARD Y SU CACA & PIPÍ

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en sus dos últimos meses de vida, Heath Ledger, ya separado de Michelle Williams, almorzaba en un restaurant que le quedaba debajo de su edificio en Manhattan, todos los días.

Comía un bowl de ensaladas, conectado a su Ipod. Decían los meseros que lo tenía a todo volumen, que cuando pasaban por el lado, se podía escuchar el rock fuerte saliendo de sus orejas.
Comía agachado, sólo miraba su bowl gigante de ensaladas, en la terraza del restaurant. Solo. The Joker comía solo.
Dicen que tenía pocos amigos, que le cargaba la gente. 

1986, yo tenía 12 años, vivíamos en Viña las tres. Mi mamá estaba trabajando y había renunciado la Sonita porque se iba a trabajar a las Aldeas S.O.S. en Quilpué. Mi Sonita adorada, me decía "Sorcito", linda ella, si algún día me caso, será la primera invitada, ya la hemos ido a ver a su aldea y está de encargada ahí. Siempre me dice y dirá "La Sorcito".
Bueno, llegó una nana nueva, dato del dato del dato del dato, arribó Mariana. Sabrosona, como cuarentona maquillada y con la permanente.
Un día, me veo en la cocina, sacando la bebida del refrigerador, me sirvo un vaso, ella sentada en la mesita de la cocina, sacándose con sus uñas cosas de debajo de sus otras uñas. De la nada me dice "Aaaaaaahhhh, Señorrrrrr, así con los hombressss...". Yo con 12 años, con un vaso de Fanta en la mano, medio que giré para irme, medio que me quedé..."Ven, Sole, siéntate acá un rato, yo te voy a contar cosas para que nunca te pasen a ti cuando grande". Me quedé.
Esa conversación freak terminó en que a la sabrosona Mariana, su "pareja" ya ni la tocaba, que ella tenía tan bonitas pechugas y "al hueón ni se le para"... Llegó mi mamá, Mariana se fue, le conté a mi mamá, Mariana despedida al día siguiente.
Mi conclusión, me carga la gente.

Hoy me río de eso, lo confieso, hasta encuentro simpática a la Mariana y su ahogo de estar sacándose cosas de debajo de sus uñas nacaradas con esmalte deshecho por el lavalozas, pensando en por qué cresta ella no era atractiva para su pareja. Y encontró una oreja en mí.

Pero son cosas que uno guarda en el disco duro mental como pencas, por la cosa temporo-espacial del contexto, se desubicó. Me cargó enterarme de eso, me violentó, yo no tenía por qué saber de su intimidad.

Pasan los años, la vida de uno se conforma de miles de trozos de algo que va explotando mientras crecemos. Uniones con sus quiebres, reuniones y sus "requiebres", amistades con deslealtades, etc. Lo que ha venido a ser para mí como un factor común, es que en donde involucras sentimientos, en donde das ese primer beso, en donde te empelotas virtual o físicamente frente a alguien, siempre queda una cagada. Siempre está la cara y alta cuota de arrepentimiento, de mi parte, de haber entregado, de haberme expuesto, porque en pocas oportunidades el saldo ha sido, a lo menos, neutro. Me ha pasado últimamente que mi tolerancia ante la relatividad con que el resto ve las cosas, me violenta tanto o más que el relato de Mariana. 

Esa relatividad que se asoma en darle tan poco valor a los sentimientos del otro, de pensar sólo en ti. Me pasó con dos amigas hace poco, una que no respetó mi dolor por una pérdida, y otra por mentirosa. Y con otra gente más. Lo que me hizo perder la confianza en la gente. Sumado a esto el tema ya expuesto acá del episodio aquel que me tuvo al borde de abogados, PDI y etc...Tema similar escuché de un contacto de una red social, él vivió lo mismo, pero denunció. Todo eso, todo, todo eso, me hizo llegar a una conclusión, "Me carga la gente", no hay que involucrarse. Y me encerré en mi departamento con mi notebook. 

Howard, el gran Howard Hughes, billonario, creativo, inteligente, con TOCs desde siempre por su sofisticación, perfeccionista, inteligente, extremadamente inteligente, terminó consumido en sí mismo.
Una vez se fijó que tenía unas pequeñas ampollas en las manos, fue al doctor, éste le dijo "Mira, usa esta pomada y trata de no tocar polvo o darle la mano a la gente en la calle, por los gérmenes, hazlo por un tiempo, unas cuatro semanas". Dicen que Howard nunca más le dio la mano a nadie. Nunca más tocó nada con las manos, usaba un pañuelo para tomar las cosas. Comía la comida que unos mormones contratados le preparaban, ante sus ojos. Debían entregarle los alimentos en bolsas plásticas higienizadas.
Howard terminó viviendo en una pieza oscura, comiendo lo que más le daba confianza, porque venía de él, su propia caca y tomando su propio pipí.

Yo quiero confiar, yo intento tomar vino de alguna copa no bien lavada, yo saludo a mi pastabasero regalón, con los pantalones con pipí y vómito, con un beso en su cara con saliva y modulando dificultoso. Trato, con esfuerzo, de tomar ascensores junto a otra gente, porque preferiría evitar el "hace frío, ah?". Prefiero mil veces el cariño gratuito de alguien de la calle que alguien de contextos sociales. Yo trato de salir de mi departamento, trato de inventarme actividades. No quiero que me cargue la gente. Yo quiero confiar. Y creo que eso requiere de un milagro. Y yo creo en los milagros. 







Comments:
ufff fuerte la historia de Howard, Mariana y esto de encerrarse a contarle a la gente pero sin la gente.... Y sí, exponerse tiene su precio... para bien y para mal, pero siempre es alto. Es MUY bueno cuando es bueno y MUY malo cuando es malo. Yo no sé si es malo o bueno confiar o si existen los milagros, si es mejor ser prudente o temerario... creo que depende cuánto te guste la adrenalina y cuánto puedas aguantar estando N en la montaña rusa... a mí me acomoda más la calma a estas alturas, eso pasa por la prudencia, y confiar hasta por ahí. Básicamente procurar ser normal. Aunque no es fácil. Lo sé. Suerte en la ruta del no encierro. Y me gustó lo de la gorda decencia tb. Cariños.
 
Gracias por tu comentario, señorita K.
Fuerte lo de Howard, fuerte lo de Mariana, del Episodio Soca, de los freaks que te dejan de hablar porque les pides fotos, fuerte las mentiras de "amigas", fuerte no volver a ciudades, fuerte la lenta cicatrización post heridas, fuerte preferir viajar sola, vivir sola, llegar sola e irte sola.
Y ese grupo de gente somos vistos como freaks, saicos, locos y todos esos baratos y reduccionistas adjetivos. Ahí estamos los Insiders.

En cuanto a la calma y la prudencia, te encuentro razón, toda la razón, la ejercito hace un tiempo. No mucho en mi blog, pero el que tenga ánimo de darle una vuelta más a cada relato, se dará cuenta que son historias escritas con lupa, situaciones pequeñas y cotidianas comparadas con otras extremas.
Tú eres mi amiga y sabes que guiños de mí hay en este post, aún así sabes que no soy Howard, estoy lejos de eso. Si debo ser alguien, puedo ser Heath, el actor con Ipod y almorzando solo.
Me tengo que volver a encantar con la gente, porque me carga. Mis amigos no, y contemplo en ese puñado, a algunos virtuales.

El facilismo de loquear a la gente, hace que se pierda el valor de un buen relato, de una buena historia, de una buena persona.

Besos.
 
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