viernes, febrero 24, 2012

 

GOTAS SINTÉTICAS

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hoy en la tarde terminé de leer "El Resto Es Silencio", de Carla Guelfenbein. Libro que compré en la calle Corrientes, en donde "regalaban" 3x$40, es decir, tres libros por $4.000.- chilenos, nada.
Me llamó la atención la foto de la portada, algo como abandono u otras cosas me vinieron a la mente.
"Este lo llevo seguro, ¿otros dos que me recomiendes?", le dije a la señora a cargo de la librería. Una cincuentona rubia, ronca, con dientes y voz de fumadora, un poco malgenio porque la hice salir de su puesto y su silla. No disimuló sus rolling eyes al techo, y con una exhalación con sonido de "Aaaahhhhhhhhhhhhhhhhh verrrr...pero qué querés leerrrrrrr?". Y volví al hotel esa noche con tres libros, el primero en leer, ya sabía cuál sería.
Nunca me ha gustado demasiado la lectura, han sido pocos los que me han hecho avanzar hasta el final sin tener que decirme "Yap, está entrete...pero lo voy a dejar para cuando tenga más tiempo...". Y la boleta del supermercado queda eternamente en la página 10.
No, nunca me ha gustado leer mucho y con soberbia me digo, "Yo no leo, yo escribo", como si algo de este blog pudiera si quiera ser material para un libro.

Lo empecé hace tres días en el metro, camino al trabajo, me pasé en tres estaciones. De vuelta a mi casa, en dos.
Y así fueron estos tres días, le sumo unos cuatro tropezones en la vereda y unos seis "disculpe" a alguien que empujé por ir leyendo en la calle. No pude parar.

Lo terminé hoy, como dije. Y hace unas semanas me autoliberé de unas estrellita verde que llevaba tomando por meses, para "estabilizar el ánimo". Varios meses. Cuando he tenido episodios en que estoy muy angustiada, he ido al profesional que me receta de aquellas, me habla de la serotonina que el cuerpo deja de producir cuando se está "bajón", por lo tanto, esas pastillas la recuperan, porque no se puede andar por la vida gastando el estanque de reserva.
Los períodos en que he tenido que tomar de aquellas, no lloro. Nunca.
Una sola vez, estando under medication y recordando un momento muy triste que pasé, con hospitalización y todo, me salieron una especie de gotas por los ojos, eras gruesas y químicas, sintéticas, pocas. Como uno las traga en algún momento, ese trago fue como tragar la más pura y refinada mezcla de todo el pasillo interior de una farmacia, todos los remedios juntos.

Hace tiempo que no tomo esas pastillas, hace tiempo que no lloraba, desde la chiquilla del chocolate en el metro, pero esa vez, el elemento distractor fue ella y la situación, no noté que las gotas en mis ojos eran puras.
Hoy terminé el libro echada en mi cama, después del trabajo. Me emocionó tanto que lloré y lloré y seguí llorando y no paré. Cerré el libro, me levanté de la cama, fui al baño, prendí la luz, me vi en ese espejo con los ojos chinos, empapados y me di cuenta que no había nada químico ahí, ningún sabor amargo, sobre todo, ninguna compuerta de represa que me impidiera llorar veinte minutos seguidos. Ante eso, y con lo loquita que es uno en su intimidad, me pasé la mano por la nariz llena de mocos puros y me reí.

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Comments:
Te felicito por recordar que puedes llorar...hace bien, amiga virtual...Un abrazo y hartos pañuelitos...;o) !
 
jajaja, sí, los pañuelitos!

pero lo mejor de todo fue la textura y la pureza salada, se me había olvidado y me puso contenta :)
 
Hola, del blog de Katina llegué acá. Hace rato que te leo y ahora me atrevo a escribir...
Hace bien llorar como loca, aunque la cara te delate al otro día en el trabajo,es terapéutico. Voy a buscar ese libro.
saludos
Leslie
 
Hola Leslie!
Qué gusto que hayas comentado y qué sorpresa que me leas.
Ya nos hemos topado en los comentarios a la K, me encanta lo que le comentas, tu honestidad y eso.

Un abrazo!
 
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