sábado, enero 21, 2012
POR CADA BLACKBERRY ROBADA, ALGUIEN GANA UN CHOCOLATE.
mi madre siempre me ha dicho "Haz el bien y no mires a quién", o "Que tu mano derecha no sepa lo que hace tu mando izquierda", o "Los gestos nobles o de verdadera bondad, se hacen en el anonimato más absoluto".
Y claro, es más lindo enterarse por sorpresa de que, por ejemplo, el Bam Bam Zamorano hace muchos años que tiene fundaciones, dona mucha plata a causas bonitas, así también Marcelo Salas o Matías del Río. Uno como que queda "Ohhh! no tenía idea, se pasó", porque no lo publican, se filtra.
Esto que me pasó no se va a filtrar porque lo voy a publicar. Y no es nada, es una tontera, pero más que para el otro, fue bueno para mí.
Hace tiempo que empecé con la payasá de tener un teléfono smart, conectarme desde el metro, en el baño de tina (iba a poner mientras estoy sentada en la taza...), mientras la cajera del supermercado llama a la supervisora para anular una compra y deja a la fila con un "chuuu....", sentada en la butaca del cine perdiéndome las upcoming movies, para no mirar a la gente en un lugar público, mientras me tomo un cortado, cuando uno dice en un bar "Me puedes creer lo que me respondió este perico a mi Gmail? Mira!", o bien cuando una amiga dice "Ese poh, el que salió en Match Point, y no era el millonario...cómo se llama, por la cresta!", y uno con el aparato digita Google, Match Point, Cast...y aparece el lolo en cuestión, rematando esa conversación trabada por esa duda, hasta que uno levanta el celular con una foto de internet, "¿Es este gallo?", "Síiiiiiiiiii, ese!!", y uno se da por pagada por sacarle la duda a la amiga, da alegría, hasta que uno entiende que son alegrías huevonas...
Llevo dos años con ese vicio, peor que la nicotina, peor que mi vicio por los chocolates. Que he sentido que me sube la presión -ocular y sanguínea- si he toqueteado mi cartera y no sentí el bultito que ocupa mi Blackberry, el garabato sale espontáneo y el suspiro final, al encontrar mi teléfono, es de un nivel de alegría comparable al de alguien que le dicen "Ahhh, no, entonces lo vi con su hermana, porque con la foto que me muestras, es la misma galla con quien él estaba almorzando en el restaurant...". ESE nivel de alivio.
Y me ha traído problemas mi aparatito, varios, todos de la misma índole. Con varios chiquillos con los que he salido desde que tengo este teléfono, me comentan lo distraída que estoy, si es que estoy esperando algún correo o llamada de alguien...tonito suspicaz. Incluso uno me dijo, tomando mi teléfono "Esto está matando al mundo!!".
Mi mamá me dice "Pucha, ya empezaste!, con quién te estás haciendo pin?", debido al ruidito de algún chat o lo que fuere que emitía mi teléfono. "Mamita linda, usted está viendo sus teleseries, guaguas perdidas y conchalevale, déjeme ver mi celular, ya?". Y la cara le cambiaba, se amurraba, como diciendo "Viniste a verme y con suerte no miraste tu celular mientras te comías tus porotos granados que me pediste que te hiciera...".
Finalmente la cosa operaba como haciéndonos las tontas, dejaba mi teléfono en el velador de ella, le hacía un par de preguntas sobre el protagonista de le teleserie, le decía que los porotos estuvieron exquisitos, esperaba un rato y arrastraba la mano a su velador, sutilmente, aprovechando los pianos tétricos de que algo muy importante, en la casa de los Del Valle Rangel Del Monte, estaba ocurriendo...y tenía nuevamente el celular en mis manos, "Te estoy viendo!", me decía mi mamá.
Así también con amigas anti-smartphones, como la Katina, con quien no disimulaba mi cara de tener un ojo en su conversación y el otro en la lucecita roja que parpadeaba desde mi teléfono. Todo remataba en "Es que lo encuentro de pésima educación, hay momentos y momentos para usarlo", y yo "Y si es un correo del amor de mi vida?", y ella, con la cara a dos manos, suspiros profundos, "No, te lo voy a requisar, me aburriste". Y se llevó mi teléfono un par de veces fuera de mi vista. Y luego yo podía retomar esos "baños de cultura" inconmensurables que sólo obtengo con ella.
Siempre terminábamos riéndonos, pero ella mantiene su postura sobre la falta de educación del hecho de tener los ojos en una cajita negra y las orejas escuchando a alguien. Muchas veces me citó un post de su blog en donde hablaba de los pololos con Blackberry, también me ha citado otras publicaciones en donde se habla del tema. Porque es tema. Hoy lo sé y lo entiendo.
El sábado pasado, salimos a almorzar con mi amiga, esa misma, la que me quería "evangelizar" hace rato para que yo volviera a un teléfono de diez lucas y así no perderme el mundo.
Luego de nuestro almuerzo rico, nos tomamos un café en el Barrio Bellas Artes y nos fuimos caminando a nuestras casas, las dos vivimos cerca, en el centro. Cerca del Cerro Santa Lucía, había un señor tocando el arpa, paramos, ella le dio una moneda, le saqué una foto. La tuitié de inmediato. Ella no alcanzó a ver la foto. Una cuadra más allá me pidió verla, saqué el teléfono, esperaba a que cargara la foto, se cargó, se la mostré y de la nada me golpean el hombro por atrás y me arrancan el teléfono de las manos. Me quedó retumbando por un rato el ruido de mis uñas en ese teclado enano. Era un chiquillo el que se alejaba corriendo y al que le grité "Mi teléfono, hijo de puta!!". En fin...
Llevo una semana sin mi vicio. En las mañanas voy en el metro con mi eterna botella de agua, una especial que me regaló la Pachita, como con filtro y cosas. Durante tres días de esta semana que está terminando, me fui leyendo las minúsculas letras del envase, escuchando la voz que anuncia la siguiente estación, sin mirar a nadie.Desde el jueves empecé a mirar. Guaguas en coches, viejitas con los dedos estrangulados con bolsas pesadas, oficinistas con sus teléfonos mirando correos, invisibles que barren las estaciones, pololos tatuados, etc...
Siempre después del trabajo, me paso a un Líder cercano a la pega a comprar lo que me falte para ese día y para el desayuno del siguiente. En esta semana de viudez de Blackberry, entraba al Líder sólo a comprarme cosas ricas e innecesarias, quizás para compensar algo, no sé.
Ayer jueves fue así, me compré mis suflitos de maní, un jarro de vidrio de $990 que lo "necesitaba", al igual que esa bolsa con crutones sazonados para hacer ensalada César, súuuper necesario, sobre todo que nunca he hecho esa ensalada. Y para finalizar, mis chocolates Air de Milka, uno para el metro, otro para ver Dr. House. Y me subí al metro. Y miré, no los ingredientes de los crutones, a la gente.
En el asiento de al lado, diagonal, ella no paraba de llorar, trataba de hacerlo pasar por tos, pero los pucheros se le rebelaban, no los controlaba. Se secaba las lágrimas bruscamente, como castigo y partía de cero.
Volvía a llorar, la gente no la miraba, no la "veía", todos mirando sus teléfonos o conectados a unos audífonos.
Tenía los ojos hinchados, muy rojos, unos 38 años. Polera, jeans, zapatillas, patas de gallo (como uno), manos con las uñas comidas, bonita, medio gordita, llevaba una caja con un pinito de navidad de unos 40cm, más unos libros.
Simplemente no podía parar de llorar. Nuevamente ponía sus manos bruscas en la cara y se secaba lo mojado, levantaba la frente e inspiraba profundo y entrecortado. Siempre mirando con la vista perdida.
Abrí mi cartera, encontré mi lápiz de llavero de $100 de Meiggs, tomé la barra de Milka Air nueva y escribí sobre el dibujo de la vaca del logo, "TODO TIENE SOLUCIÓN". Guardé el chocolate en la bolsa del Líder. "En donde se baje, me bajo".
Sentía que tenía un tesoro en mi bolsa del Líder, algo que ella no esperaba, algo que me hubiera encantado que me pasara, algo que hiciera mi día, sentí que ella necesitaba eso.
Se paró, se mezcló con la multitud de la puerta. Me bajé con esa marea, se me perdió entre la gente. "Hey!, hey!". Nada.
Se había puesto unos audífonos. La pillé, le toqué el hombro, me miró con ojos grandes, como si la fueran a asaltar. Le hice el gesto de que se sacara los audífonos. "Te vi en el metro, toma, y lee lo que te escribí". Estiró su mano, dejando la caja apoyada en su cadera izquierda. Confiada me recibió el chocolate y me sonrió. No me habló nada, todo pasó en 10 segundos, a tal punto que alcancé a tomar el mismo metro, que aún estaba con las puertas abiertas, por retrasos en las estaciones.
Con esa sonrisa suya llegué a mi casa, sin Blackberry y, confieso, llorando en el metro, de alegría.
Ayer jueves, fue un día perfecto.
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Comments:
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Hola Bella,
Me encantó este post y el título. Me dio cosa cuando llegué verme ahí en la foto... y esa foto, la última foto de la BB... en fin.
Quiero precisar sí que no soy contraria a las cosas tecnológicas, al revés, me encantan. Pero me parece un insulto al tiempo y a la atención, o sea me parece una falta de respeto, usarla cuando estás con otra persona. Pues parece que es mejor estar distante y online, que presente. No se puede hacer sentir al otro así de mal. En ese sentido es mala educación.
Por otra parte, gracias por los baños de cultura "inconmensurables", ja.
Me gustó que hayas visto a la gente de paso... a la niña que llora justo en frente. Me gustó tb que le buscaras "el lado amable" al robo.
Pero sobre todo me gustó que no te quedaste en mirar. Que la viste, sentiste su angustia, te bajaste, la seguiste, la buscaste, le dijiste que se sacara los audífonos, le escribiste y le regalaste tu chocolate.
Me gustaría tanto tanto tanto que la gente actuara más así, y menos asá (robando, no mirando). Todo sería mucho mejor para todos.
Esa historia hizo tu día ese jueves, seguro el de ella, y el mío mejoró bastante con esta historia. Porque con casos como este te vuelve la fe en la humanidad.
Eres una linda. Y te quiero mucho.
Katina
Me encantó este post y el título. Me dio cosa cuando llegué verme ahí en la foto... y esa foto, la última foto de la BB... en fin.
Quiero precisar sí que no soy contraria a las cosas tecnológicas, al revés, me encantan. Pero me parece un insulto al tiempo y a la atención, o sea me parece una falta de respeto, usarla cuando estás con otra persona. Pues parece que es mejor estar distante y online, que presente. No se puede hacer sentir al otro así de mal. En ese sentido es mala educación.
Por otra parte, gracias por los baños de cultura "inconmensurables", ja.
Me gustó que hayas visto a la gente de paso... a la niña que llora justo en frente. Me gustó tb que le buscaras "el lado amable" al robo.
Pero sobre todo me gustó que no te quedaste en mirar. Que la viste, sentiste su angustia, te bajaste, la seguiste, la buscaste, le dijiste que se sacara los audífonos, le escribiste y le regalaste tu chocolate.
Me gustaría tanto tanto tanto que la gente actuara más así, y menos asá (robando, no mirando). Todo sería mucho mejor para todos.
Esa historia hizo tu día ese jueves, seguro el de ella, y el mío mejoró bastante con esta historia. Porque con casos como este te vuelve la fe en la humanidad.
Eres una linda. Y te quiero mucho.
Katina
Había abandonado mi blog y sus links. Sólo entré a releer una de mis entradas que necesitaba vivir-de-nuevo y me vuelvo a encontrar con tu escritura fresca. Un verdadero agrado.
Cariños.
Cariños.
Katina, gracias por tu comentario, y sí, tuve que incluirte (foto y todo) en esta historia, ud estuvo al lado, yo ahora sólo le agrego lo inesperado en situaciones teñidas de negro, que terminan luminosas.
Manolo, entré a tu blog y supe quién eras, me acordé perfecto. Me gustó tu blog por lo que viviste con la señorita R, años, años atrás.
Veo que te ha cambiado la vida.
Gracias por venir.
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Manolo, entré a tu blog y supe quién eras, me acordé perfecto. Me gustó tu blog por lo que viviste con la señorita R, años, años atrás.
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