martes, marzo 21, 2006
Iván & Los Passers by
"que-no-se-te-ocurra-hacerme-que-le-de-un-beso-ni-por-nada-del-mun-do....".
Con los dientes apretados, trizándomelos, le pedí (amenacé, casi) a mi mamá que no me presentara a Iván, que no iba a poder saludarlo, que lo mantuviera ahí, lejitos no más, sin beso. Me quería morir por lo incómoda, estábamos comprando en la Plaza Miraflores, en el boliche de la vieja carera que marginaba, descaradamente, 300% en sus productos, pero éramos cómodas y "solventes", nos daba lata caminar hasta El Embeleco, que quedaba a dos cuadras.
Todo estaba bien, cada una con su bolsa con tonteras dulces, que nuestros cuerpos nos pedía a gritos después de la siesta de un domingo almorzado con sobremesa hasta las cuatro. "A este lolo lo conozco!!, ¡¡y se está haciendo el pajarón!!, IVÁAAAN!! Hola, no te arranques!!".
Miré a mi mamá, mínimo, con curiosidad, parecía vieja de la feria gritando en la calle con escándalo y señas sobreactuadas, más encima, este Iván no mostraba ningún interés, se hacía el gil, se tapaba la cara con el pelo, caminó más rápido, giró la cara hacia el lado opuesto, en resumen, hizo de todo para que esta señora gritona no siguiera insistiendo.
Al final, fue tanta la insistencia, que este Iván miró y con "sonrisa Elvis" (así decimos con mi hermana para describir esas medias sonrisas que no son de alegría), levantó un brazo sin ganas y se empezó a acercar.
Al caminar, con ese vientecito que le llegaba a la cara con cada paso que daba, se le despejaba la frente, los ojos, la nariz de tanto pelo. Cada vez que yo lo veía avanzar un metro hacia nosotras, lo podía escanear más. No tenía nariz, la cara quemada entera, sin boca, sin orejas identificables, un ojo sí otro no, el pelo le crecía desde muy atrás y él se lo ponía hacia adelante, como inventando una peluca.
Le faltaba un brazo y el otro no tenía la mano entera, toda, absolutamente toda su piel visible estaba quemada, venía transpirado y acelerado, se había bajado de una micro en la Plaza Miraflores.
Al poder mirarlo bien mientras se acercaba, apreté la mano de mi mamá, haciendo sonar nuestras bolsas con chocolates, apreté los dientes como si fuera caballo mordiendo riendas, reconozco que la "tironié" un poco y le dije entre dientes y con cejas Nelson Acosta (otra descripción de la Pachita y mía para referirnos a esas cejas angustiadas, techos de pagodas) "que-no-se-te-ocurra-hacer-que-le-de-un-beso-ni-por-nada-del-mun-do!!, no voy a poder disimular...".
Me soltó muy sutilmente la mano que la estaba inhabilitando para moverse, y avanzó mi madre hacia Iván, para alejarse unos cinco metros y tener su escena de saludos lejos de mí, e indicarme como su hija desde lejos, entonces yo podría hacer un "hola" con la mano y pasar de largo el polite beso en la mejilla.
Todo se me hacía eterno, quería estar en mi casa "altiro", comiendo mi trencito, mis morochas y tomando coca light!!!, pero estaba ahí, parada lejos de mi mamá, en una ridícula postura lejana, cuando lo lógico era estar con ella al lado y saludando a este "lolo tan simpático".
No termina ahí mi incomodidad, alcanzo a ver el beso en la cara que le dio mi mamá y le dice: "Hola Iván ¿cómo estás?. Mira, ahí está mi guagua, ¡¡tremendaaaa!, esa es mi hija chica, la Sole, vamos a saludarla!!". La quise matar, ya no me quedaban dientes de tanto bruxismo, y creo que el músculo de cada mandíbula aumentó en su tamaño por tanto ejercicio. "Hola", "Hola", beso con transpiración, con cara caliente por caminar tanto, "Sole, este lolo simpático es Iván. Iván esta es mi guagua, la Sole".
Ya no se podía activar un necesario rewind en esta escena para mí, estaba cagada, ya estábamos hablándonos a 40 cm de distancia, con mi vieja relajando el ambiente y relajando mi risa de "Elvis".
"Yo a Iván lo conozco desde que era chico-chico-chico, ahora está inmeeeeenso. Oye? por qué estás tan acelerado y transpirado, estabas trotando?", "No, vengo corriendo desde el Troncal, me subí a una micro dos cuadras atrás, y me pidió que me bajara acá en la Plaza. Así que... así no más poh, tengo que caminar, siempre me pasa eso, ya me acostumbré a que me bajen de las micros".
Claro, si uno lo mira, es realmente chocante, es como faceless, sin brazos, el pelo raro, siempre mojado y acelerado, el micrero se ahorraba el cacho de incomdar a algún pasajero, obvio, "cliente tiene la razón". Entonces, que camine no más este tipo, deforme y sin trabajo, ¿Y quién lo querría contratar?. Ha tratado de estacionar autos y le va bastante bien, hasta que se acerca con su paño amarillo a p
edir su moneda y lo ven, el conductor sube el vidrio y se va.
Claro, si uno lo mira, es realmente chocante, es como faceless, sin brazos, el pelo raro, siempre mojado y acelerado, el micrero se ahorraba el cacho de incomdar a algún pasajero, obvio, "cliente tiene la razón". Entonces, que camine no más este tipo, deforme y sin trabajo, ¿Y quién lo querría contratar?. Ha tratado de estacionar autos y le va bastante bien, hasta que se acerca con su paño amarillo a p
edir su moneda y lo ven, el conductor sube el vidrio y se va.
¿Cuánta frustración aguanta ese cuerpecito quemado en un 90%?.
Tuve un flashback de aquellos, en menos de un minuto, mientras estábamos ahí parados los tres, viajé mentalmente hasta cuando yo tenía 8 años y la Pachita 9, nos quedábamos en la casa de mi abuela en Recreo y mi mamá nos llevaba a Caleta Abarca, con baldes y palitas, con castillitos de arena. Y siempre llegaba un niño, unos años mayor que nosotras, quemado entero, con un brazo menos y el otro a medias, se tiraba al agua y nadaba rapidísimo, llegaba a la balsa en dos tiempos. "¡¡¡Mami, ese niño quemado no tiene brazos!!!", "¡¿Y qué?!, mírenlo cómo es capaz de nadar, mejor que cualquiera, ¿ven la fuerza que tiene? y lo rápido, ¡es un ejemplo!".
El mensaje de ese día en la playa era clarísimo, ¿¡Qué chucha importa la cáscara!?.
Ahí mismo estaba yo, mirando de nuevo a este Iván, que ya sabía quién era, que cuando chica lo veía en la playa y con la Pachita sólo pensamos que cuando llegara a grande ojalá sea feliz y jefe de algo, que nadie lo mire feo nunca.
Mojado entero, con vergüenza, acelerado por tener que caminar de Villa Dulce a Viña todos los días.
"Toma, Iván, te doy una luquita para que te compres una bebida, y perdona por no poder darte más, con la Sole, el par de chanchas, nos gastamos casi todo en dulces!", "Perdone usted, y gracias".
10 segundos después de despedirnos, se empieza a perder la figura de Iván, caminando a medio trote por 1 norte, acomodándose el pelo para taparse la cara, agachando la cabeza una vez más.
"Se me quitó el hambre, vieja, ya no quiero chocolates", "Yo tampoco", "Mamá, perdóname...", "Yo no tengo que perdonarte, Sole, perdónate tú".
Esa frase siempre es el cuchillo psicológico más afilado de mi madre "Yo no tengo que perdonarte, perdónate tú". Y es la peor tortura, porque nadie es más duro con uno que uno mismo, "Puta que soy hueona!, e ignorante y discriminadora y asquienta y poco sensible y estúpida y tonta y.....". Uno es su peor juez.
Después de eso, nunca más, si soy asquienta, me la banco, si me da "cosa" o nervios, me la trato de bancar también. Y creo que Dios te ubica por milésimas de segundos justo frente a los Iván o a los Juan del bus, por algo, te los pone al lado y te dice: "No les hagas el quite, no los pases". Sin pasarlos nunca más, las micros lo pasan, la gente los pasa, los autos los pasan, son los passers by, los que no aperran con la diferencia y les queda grande, porque somos tan chicos. Pero a Iván nunca me he atrevido saludarlo de nuevo, sólo a él.
Han pasado ocho años de ese encuentro en la plaza, de ese flashback de la playa, de ese beso en una no-cara, de esa asfixia brusca a la mano de mi mamá, del reproche a priori a mi mamá, de los nervios, de haberme sentido tan lejos del corazón gigante de mi vieja. Ocho años y todavía no me perdono, peor que eso, he visto a Iván en la calle y soy yo la que agacho la cabeza y la giro hacia el lado contrario. ¿Es que no aprendí nada ese día?
Comments:
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Que pena me dio tu experiencia, cómo lo sentiste y cómo aún te duele...Grábate que la cáscara no importa, como decías. Sin querer se me cayeron algunos lagrimones...
Iván: Te prometo que si te veo de nuevo (supe por mi mamá que andas teñido rubio), te voy a saludar, y si no te acuerdas de mí, te hablaré hasta que te acuerdes, y si sigues sin saber quién soy, dará lo mismo, porque ya te habré saludado y no te pasaré de largo.
Hola, tengo mi blogspot y de repente se me ocurrió pulsar eso de next post, y ha salido el tuyo. Me llamó la atención el lugar donde vives Valparaíso, de donde era un pintor que una vez entrevisté (soy periodista en un periódico, aquí en España); después me he puesto a leer tu post Ivan y los passers by, y me ha parecido de lo más simpático y conmovedor.
Y nada más un saludito desde el otro lado del océano.
mi blog, que recién lo empiezo, por si te apetece leer algo alguna vez: http://oscurostiempos.blogspot.com
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Y nada más un saludito desde el otro lado del océano.
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