lunes, febrero 13, 2006
DE CHILE A MEXICO SALTANDO DE ESTRELLA EN ESTRELLA
Y lo último que hice, antes de irme al aeropuerto para juntarme con Juan Pablo, fue ir a verlo a la clínica. Encontré que estaba mejor, "Puede respirar sin la máscara, mamá", "Lo que pasa es que se la saca porque es muy porfiado, como que le molesta el oxígeno".
Pensé que estaría mejor cuando volviéramos del viaje al que me invitó Juan Pablo y s
u familia. "Mamá, prefiero no ir, me da cosa...", "Anda, Solcito, vaya tranquilita, cuando vuelvas vas a ver que todo está mejor, además no son tantos días y el pobre Juanpi está tan contento..."Llegamos a México, todo el familión de mi pololo y yo. Playa del Carmen, el paraíso mismo. Dos años antes de eso, el año 2000, habíamos ido con la Pachita y mi mamá, quedamos fascinadas, nadamos, anduvimos en bicicleta hasta el pueblo, hablamos como ellos "Adióooos chaparrito" gritaba yo, mientras pasábamos en bicicleta las tres, "Adioooooós que le vaya bien", "Gracias" decía la Pachita, "Las que le adornan", remataban ellos.
"Órale, ps ahoritita le pago, espéreme tantito..." jajaja, mi mamá y la Pachita me miraban muertas de la risa con mi pobre imitación mexicana.
Esta vez, año 2002, esperaba reírme también pero más ceñida a los modos de la familia de mi pololo, que como fue de esperar, fue un viaje más pausado, sin tantas risotadas, sin tantas Piñas Coladas y mucho menos Cubas Libres. Pero de todas maneras, el entorno te hace tener esa actitud de "verano sin culpas" que es tan agradable.
El viaje duraba ocho días, bueno, como son estos "paquetes". Llamé a mi mamá apenas llegamos, y estaba todo bien, "Mamá, ¿cómo está todo?", "Bien, mi amor, ahora voy saliendo a la clínica para quedarme a dormir allá de nuevo, la Pachita está con él mientras llego, y tú Solcito, ¡¡Cuéntame!!, ¿Te encontraste con Petronilo? o ya te olvidó y te cambió por otra turista? jajaja". Se acordaba mi mamá de Petronilo, un chiquillo que limpiaba los comedores del "Viva Azteca", en donde nos habíamos quedado las tres el año 2000, y resultó tan simpático porque de la nada se "flechó" conmigo, habiendo tanta gringa regia... Entonces todos los días me decía algo muy tímido, escondido detrás de su escoba y de su uniforme azul, bien morenito, con los ojos grandes como uvitas negras y como siempre estaba en los rincones, sólo se le veían sus ojos. No debe haber tenido más de 18 años y yo, unos cuantos más...
"Hola chileeeena, buenosss díasss", "Hola, buenos días, permiso, esss que voyyyy a sacarrrr azúcarrrrr, ahí essstá! Nos vemos!!!". Cada día existía más diálogo con mi tímido Petronilo, yo buscando café, azúcar o frutas al buffet y él que llegaba desde los rincones con su escoba, "Hasta cuándo te quedas, chilena?", "Nos vamos pasado mañana, vine con mi mamá y mi hermana, mira, están allá en esa mesa del medio", "Cómo te llamas?", "Soledad y tú?", "Petronilo", reconozco que me mordí entera por dentro para no reírme, "Ah, quéeee original tu nombre, es que en Chile está plagado de Jorges, Carlos, Rodrigos, etc...", "Sí, chilena Soledad, yo soy único...", "Ya!, nos vemos voy a la mesa". Petronilo había empezado a tirar sus petardos, lo que me daba un poco de vergüenza. Cuando faltaba un día para irnos, y ese era el último grotesco desayuno que nos comíamos (nunca más desayunaré tortas, waffles con syrup, huevos con tocino, yogurt con cereal, frutas exóticas, etc...), veo una escoba caminar
desde el rincón derecho de este enorme comedor, venía barriendo Petronilo como si nada, se deslizaba como gato sin meter ruido, lo tenía al frente y dos segundos después estaba cerca de mi oreja izquierda "Mañana te vas chilena...", "Ah! Hola Petronilo, me asustaste, casi se me cae mi desayuno light, jajaja, sí sí, nos vamos mañana...", "¿Cuándo nos escapamos?". Después de la propuesta de este joven y de mi hiperventilación mezclada con risa nerviosa, me dirigí a la mesa con la boca abierta mientras iba dejando atrás a Petronilo, mi mamá y la Pachita riéndose con cara de pregunta, "¿¿¡¡¡Qué!!!??, ¡¡¡¡cuenta!!". Risas, miles de risas, hasta hoy, seis años después mi mamá me molesta con el "¿Cuándo ns scapams?", comiéndose algunas vocales para imitar el acento mexicano.Estábamos allá mismo, dos años después, 2002, con Juanpi y familia, como contaba antes. Una noche, el 12 de febrero, estábamos un grupo grande, compuesto por los cuñados de Juanpi y sus hermanas. De repente una estrella empezó a brillar bastante, después brilló mucho, después demasiado, "Juanpi, mira esa estrella...", "Oh! la cagó, Sole", después de 3 segundos de mirar el cielo, le dije a Juanpi "el Tata!!". Partí a llamar a la casa de mi mamá, no me importó la diferencia de horas, no me contestó nadie. Al otro día, llamé temprano, "Aló, mamá! ¿cómo está el Tata?!!", "Muy bien, está súper bien, te paso con la Pachita que quiere saludarte". Hablé con mi hermana de tonteras y risas, a los cinco minutos cortamos.
Cuando volvimos el 16 de febrero, apenas tuve señal en el aeropuerto, llamé a mi mamá al celular, no me contestó. Llamé a la Pachita, "Hola, mmsssí llegamos bien, sssí, sssí super, ssí, sí... oye, cómo está el Tata...? qué!! sabía...sabía...sabía...por eso la mamá me pasó para hablar contigo...cómo está ella...tengo mucha pena...". Claro, mi mamá no podía ni hablar cuando yo llamé, el Tata se había muerto, no me quiso arruinar el viaje.
Días después, cuando mi mamá se podía concentrar más en lo que uno le hablaba con calma y tino, le conté que el día que se murió el Tata, yo lo supe porque esa noche (guardando las
diferencias de horas), una estrella se iluminó demasiado y yo pensé inmediatamente en él y en que se estaba despidiendo de mí, que se había pegado una vuelta por el Caribe para decirme su último "Chao, miñiñiñiñiñiñiñi". Y así fue. Viajó saltando de estrella en estrella para no irse antes de despedirse de toda su familia.Ayer se cumplieron 4 años desde la muerte de mi Abuelo Darío, el papá de mi mamá, que no pronunciaba las R, que siempre estaba "nevioso", que venía a vernos a Viña el "mates, o mejor, el miécoles", que andaba con lentes de sol Oakley o cualquiera de snowboardista de a luca en la calle, y que nos pasaba cinco luquitas por detrás de la puerta a la Pachita y a mí "pa que se compre un helado", fanático del queso, que le robaba besos a mi abuela abogado en los almuerzos familiares, después de 40 años de estar divorciados y casado con una doctora, (y que pensaban que los nietos no nos dábamos cuenta...), que en la Escuela Naval le decían Condorito por su tremenda naríz (que, por suerte, nadie heredó), y que siempre demostró su amor con la cantidad de "eñes" en sus saludos "Cómo está mi ñiñiñiññññññiñiñiñiñññiiiiññiñiñññññiñiñiñiñññiñiññiñiñi?", eso podía durar horas.
Chao miñiñiñiñiñiñiñi, ojalá que siempre nos prendas la luz desde arriba.

