viernes, febrero 24, 2006

 

¿CRUDOS O COCIDOS?




...y a veces nos quedábamos tiradas en la alfalfa, que ya tenía unos 20 cm de alto en esa época del año. No hacíamos nada más, nos tirábamos en lo verde eterno que se nos hacía esa hectárea. Antes de eso, nos levantábamos más o menos temprano (pensando que estábamos de vacaciones, libres del colegio por un rato), partíamos juntas al baño, una hacía pipí primero, después la otra, después tomábamos la leche (de caja, lo que es una ridiculez, pensando que mi papá tenía una lechería en la parcela, con vacas y todo, pero es verdad, esa leche no salía muy cristiana para tomársela directo de esas ubres con yodo), nos comíamos un pan con mermelada y después juntas de nuevo al baño a lavarse los dientes, parecíamos pistones, una subía la otra bajaba, yo me miraba al espejo para lavarme los dientes mientras la Pachita escupía abajo, después cambio, yo escupiendo, la Pachita mirándose en el espejo. Ella siempre fue la que daba vuelta los vasos con bebida en los restaurantes, siempre ha sido la que rasguña sin querer, la que te pisa justo el dedo con ampolla sin darse cuenta, etc. Con este currículum, no era de extrañarse que mientras yo estaba escupiendo espuma con la cabeza abajo y ella estaba haciendo sus últimas gárgaras nariz pal techo, al bajar me escupía en el pelo. Pero ya era un ritual, me tenía que enjuagar el pelo además de la boca casi todos los días, preferí acostumbrarme antes que seguirla acusando con la mamá, porque a los siete años, no me quedaba claro que hay cosas que se hacen sin querer. Mi mamá me explicaba que si hubiera sido intencional, como un empujón o una patada, era distinto, pero ella lo hacía sin querer. A la mañana siguiente, cambiamos un poco la rutina del lavado de dientes, los pistones se activaron más desplazados. Con este cambio leve de posición, el panorama cambió positivamente para mí, ahora me escupía en la mano...
A todo esto, nos lavábamos juntas los dientes porque siempre escuchamos que en el campo había que ahorrar el agua, que el tambor se demoraba dos siglos en llenarse.
Después de ese despertar con leche chocolatada y lavado de dientes, nos íbamos pa'dentro, nos internábamos hasta llegar a la última hectárea (no eran tantas tampoco, eran 14), no salíamos si no llevábamos un puñado de sal envuelto en una servilleta. Caminando o corriendo, conversando cualquier tontera, hasta llegar a la hectárea número 14, con la alfalfa más esponjosa y más alta. La sal era para aliñar unos tomates que crecían en la parcela de al lado y se pasaban un poco para la nuestra. Nunca más he sentido ese sabor en un tomate de campo, ni si quiera con los limachinos.
Después vino la psicosis paterna por el tema del tifus y los benditos tomates, que al estar tiradas en la alfalfa habían unos bichos peligrosos, "A los fardos menos pues niñitas, ahí está la araña del trigo!!!", "A la lechería pueden ir, a mirar". Entonces decidimos no echarnos en la alfalfa, eliminar los tomates silvestres de nuestra dieta, y no ir a los fardos a saltar haciendo el "chiki-chiki-chiki-chiki" en el aire imitando a la Mujer Biónica, ídola en esa época.
Qué nos quedó, andar en bici dentro del campo, si era verano, aprovechar la piscina, mirar cómo llegaban las vacas a ordeñarse, ver cómo las ordeñaba el Alejo y su hijo, ver que les ponían yodo en las ubres, después les conectaban esas máquinas succionadoras, una en cada pezón, con mangueras de drenaje y destino final un tambor con termostato. Después se llenaban unos tarros gigantes con unas tapas raras, mi papá cargaba la camioneta con varios de esos tarros y lo acompañábamos a Soprole, en la carretera, camino a San Fernando. Entregaba sus tarros y salía con un cheque.
Empezamos a ver todo esto como tan normal que se convirtió en una rutina muy especial. Era terrible que se terminaran las vacaciones y tener que volver a Santiago.
Venía muy seguido la Sofía Larraín, la veterinaria, llegaba en su camioneta con unos refrigeradores raros, como cajas fuerte, los abría y salía un humo congelado, como película de doctor loco que inventa fórmulas, en ese humo, la Sofía hacía salir un tambor flaco y largo de unos 15 cm de diámetro, metálico y con una tapa más rara que la otra. Giraba la tapa, y sacaba unos eternos tubos metálicos como palillos, dentro de esos otros tubos , unos de vidrio que estaban contenidos en un nicho especial dentro de este tambor. Cada tubo de vidrio indicaba un nombre, una fecha y otra información, "Argus", toro de tantos kilos, de tanta edad, y su dueño es el Sr:... y viene del fundo..., "Campeón", toro de... Así, ella seleccionaba el semen y le recomendaba a mi papá tal o cual toro. Después de la selección del semen, La Sofía agarraba la cola de la vaca, la tiraba hacia arriba, lo que la inmovilizaba, y metía su mano con guantes quirúrgicos hacia el "área" de la vaca por preñar, después sacaba este líquido de esas probetas congeladas y le metía este palillo a la vaca como una gran inyección, que no le provocaba ningún dolor, explicaba ella, pero esta no podía moverse, no se podía perder ni una gota de semen.
Mis papás, incómodos en un principio, nos dejaron mirar porque era eso o irnos a comer tomates con tifus o saltar en los fardos con arañas del trigo. Y en realidad, no era nada de cochino o retorcido, con la Pachita, desde chicas hemos visto nacer a los cachorros de nuestras perras, hemos visto nacer potrillos y terneros, entonces un tubo por el poto de una vaca, no era nada chocante. Con la Pachita, pensábamos que le estaban poniendo una inyección o un supositorio "tamaño vaca". Después, harto más viejas, mi papá nos explicó que la Sofía les hacía inseminación artificial. Esa huasa era muy simpática, hija del "Colacho", don Nicolás Larraín, viejo pituco de los que dicen la "s" mezclada con la "f", que dejó Santiago para irse a vivir a su fundo, y la Sofía se fue con él y su mamá, estudió veterinaria y se dedicó a eso en el campo. Era amachotada, con jeans sucios, botas de hombre, rubia, con corte de pelo feo, uñas comidas y manos curtidas, chistosa y gorda.
Tanto fue el cariño que mi papá le tenía a su veterinaria, "compadre" de asados de campo eternos y guitarreados con los cabros chicos corriendo más allá, que le puso su nombre a una de sus hijas, mi hermana Sofía.
Sólo nos dábamos cuenta meses después, que la "Alfonsina" , la "Auguria" u otra, estaban teniendo un ternero, al que los trabajadores junto con mi papá tenían que amarrarle las patas que se asomaban de la no tan dilatada vaca, para ayudar a parir.
Viendo todo esto con la Pachita (quien una vez salvó la vida de un ternerito), le pregunté a mis papás, después de pensar que esa vaca que estaba pariendo, podía estar en un matadero colgada para la venta. "Papá, ¿los seres humanos somos crudos o cocidos?", se miraron los dos papás, y se rieron: "Eeeeesta Sole!!!", "Crudos pues hija", dijo mi mamá, "estás segura? y el sol no nos cuece?".
Mientras sacaban el ternero desde la ansiosa y pateadora vaca, no me convencí con la respuesta. Insistí en mi mente en que somos cocidos.
De vuelta a la civilización y una vez en Santiago, veía las noticias y había miles de atentados en la capi en esa época en el año 81-82 y por ahí, mientras manejaba mi papá tenía que hacerle el quite a los miguelitos que habían en la calle, en el colegio, que quedaba al lado de la U Católica, hacíamos todas las semanas la operación Daysi, las monjas nos llevaban al patio central con pañuelos en la cara para no oler tantos gases lacrimógenos, teníamos que llamar a las casas para que nos fueran a buscar los papás urgente. Era una época súper violenta.
Ahora pienso en eso, a raíz del almuerzo del domingo pasado, de esos almuerzos familiares bien gritoneados y reídos de lado a lado en la mesa, salió como recuerdo mi pregunta que si los seres humanos éramos crudos o cocidos, "Te acuerdas, Sole, te acuerdas que preguntaste eso? si eras tan divertiiiiiiiiida!!", "Me acuerdo perfecto, es más todavía pienso en eso, que te discutí y te dije que éramos cocidos, por el sol, pero después de ver tantos mutilados en Irak, cachar los coche-bomba en Israel y cómo quedan los muertos, los cuerpos del World Trade Center, etc, caché que somos crudos".

Comments:
Somos mezcla, pero más crudos.
 
Y que paso con el post de tu amante anonimo mister F, esta bueno.postea de cuando te pida pololeo si es q ya no estas con el
 
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