viernes, febrero 17, 2006
Yoyo
...en realidad, intentando dormir, tratando de conciliar un sueño reparador, que veía cada vez más lejano, sobre todo en esa cama de una plaza, que limita absolutamente los pasos de ballet que se me antoja hacer en la noche. Es que ya no estoy para esos trotes y me identifico con el “síndrome del roto con plata”, los que no pueden evitar gastarse toda la plata a lo grande y no podrían volver a la pobreza, yo, sin plata pero con una cama de dos plazas en mi casa, no puedo volver a la de una plaza. Pero estoy en Santiago en la casa de mi hermana y voy a dormir en la pieza de Vicente, en donde hay dos camas de una plaza, en una duerme él (ha dejado su cunita) y en la otra dormiré yo. La otra opción, la más digna, era dormir en la República Independiente de la pieza de la Maca, en donde hay tvcable, DVD, música, un Bob Esponja, libros y textos de su colegio, mira, lo que sea para una noche de insomnio. Pero, como me dejó muy claro (y al unísono) este joven matrimonio: “este finde toca Maca, así que vas a dormir con Vicente”, “Yastá poh!”, respondí con un falso entusiasmo, porque sé lo que significa dormir en esa pieza, no hay ni que bostezar para que no se despierte, y yo con insomnio me muevo y meto ruido.
En fin, todo oscuro y en calma en este Palacio del Silencio, y recién eran las 10 de la noche, pero es así, el sueño de Vicente manda.
Escucho unos susurros con risitas de Rodrigo a mi hermana, con luz apagada y puerta a medio abrir, también escucho que la Maca ha desobedecido y está con la tele prendida viendo monitos o algún Harry Potter, la Ali, la nana, seguramente leyendo el Evangelio antes de dormirse, Vicente roncando (en versión mínima) y yo mirando el techo, con un cojín en cada oreja para no pasar por el bochorno de escuchar alguna intimidad de mi hermana con su marido. Cada ruidito me impedía dormir y hacía que se me abrieran los ojos con dificultad de enfoque y ahí estaba dándome más vueltas que delfín en el Sea World. ¿Qué cresta hago??, empecé a imitar la respiración de Vicente, pero como es tan chico “con poquito tiene”, sus pulmones se llenan luego y respira más rápido que un grande, me hiperventilé… Ya sé, uno le puede pedir a Dios lo que quiera y lo cumple, entonces le voy a pedir que me haga un Tony Kamo y me deje durmiendo antes de contar hasta 10, no 20, bueno ya 30, si tampoco creo que sea tan rápido. Empecé con mis protocolos y reverencias propias, recé los rezos (valga la redundancia) más típicos, di gracias por estar viva, por mi familia, por tener trabajo, etc., seguidito de eso, pedí que me “regalara” un sueño pesado altiro !
De repente, empecé con mis clásicos y freaks espasmos musculares en las manos y los dedos, pero eso era buenísimo, significaba que me estaba relajando. Y sin darme cuenta, estaba en un campo precioso, encaramada arriba de un árbol con Vicente, él podía hablar. Estábamos conversando cada uno sentado en una rama. Me preguntaba cosas, me contaba otras, me dio jugo de un membrillo, como hecho de compota, casi podía sentir el sabor real, hacía tanto tiempo que no tomaba de ese jugo y fue tan real el gusto que podría pasar 4 años más sin probarlo de nuevo.
Bajamos del árbol, jugamos a la “pinta”, después armamos figuras con unas maderas de colores que había ahí, armamos una escalera, una casita para él y un avioncito, ¡¡¡Y todo funcionaba!! Lo miro mientras piloteaba este avión hecho de colores naranjo y amarillo, especial para dos pilotos (él manejaba), yo iba atrás, sigo mirando a este piojo chico que va feliz haciendo piruetas, le grito: “¿Tú crees que vas a ser feliz cuando grande?”, mientras da un giro ascendente me dice “Sí, muy feliz, si es tan fácil!!!!”, me grita desde el asiento de adelante y se le mueve su pelito ondulado que lo hace parecerse al Principito.
Me meten un dedo en el ojo, me meten un dedo en la nariz, “¡Yoyo!”. Vicente despierto a las 7:09 am. No puede decir la “s”, me trata de decir “Soso”, por Sole, pero no puede aún, así que su oso se llama “Oyo”, y yo soy “Yoyo”. Espero a que me saque el dedo del ojo para poder abrirlos y enfocar. Lo miro y me lo como a besos aunque es sábado y aún no son ni las 7:30 am. Se va a la pieza de sus papás a exigir su leche, lo miro caminando de espalda, con su oso colgando, su pelo voluminoso de recién despertado. Veo que Rodrigo parte a la cocina chocando como pelota de flipper por el pasillo a preparar la mamadera, y Vicente regalonea con mi hermana en la cama grande.
Me quedo pensando, “Sí, se parece al Principito, y sí, es tan fácil”.

Para mi sobrino y ahijado Vincipito

