martes, enero 31, 2006

 

SESENTA Y CINCO RAYITAS HACIA EL ÁRBOL




“cuarenta y uno, cuarenta y dos, cuarenta y tres, cuarenta y cuatro, cuarenta y cinco…por lo menos hasta las cincuenta. No, hasta las ochenta, no, a las setenta y paro, bueno a las sesenta y cinco, ya”.
Mientras sigo avanzando, casi perdiendo la cuenta de las rayitas que llevaba por ir negociando conmigo hasta dónde llegar, siento que retrocedí fácilmente unos 25 años. Y claro, salí del trabajo la semana pasada, caminando, como siempre, y no aguanté la tentación, me puse a contar las rayitas que pisaba con cada paso que daba, antes trataba de no pisarlas, pero decidí variar. El problema se me formó a la altura de “El Mercurio” en la calle Esmeralda, la vereda en mal estado distanciaba o juntaba mucho las rayas debido a los “arreglos” que sufrieron estas calles después de las lluvias. Estas rayitas demasiado distantes o muy juntas, convertían mis pasos en verdaderos pasos de baile, entre que iba jugando al luche y bailando merengue. No me importaba que me miraran caminando raro (gracias Prozac), por el contrario, se potenciaba mi desafío.

“A la altura del supermercado termino, no, mejor termino entrando al supermercado, no, mejor paro al tiro, síiiii, estoy muy freak, ya, está bueno!, hasta aquí no más, ya poh!”. Era más fuerte que yo, no podía dejar de pisar las rayitas, no podía. Igual que cuando era chica, me entretenía mirándole los ojos locos de movimientos horizontales de las personas, mientras el metro avanzaba por estaciones y ellos trataban de leer la publicidad. Pensaba "ya, último que miro y no miro más", y obviamente, nunca fue el último, era esa cosa de no poder parar.

Seguí mi labor caminística de pisar las rayitas y cuando iba cerca del supermercado, el cual era mi meta final, me tropiezo con ese árbol gigante que está en la calle Brasil, en esa plaza al frente del Santa Isabel, ese árbol de la Maca, del que le conté sobre un árbol que era el más grande de Valparaíso, y que incluso le tuve que tomar una foto junto a él por lo impactada que quedó mi sobrina con ese tamaño.
"En realidad es inmenso", pensé.
Miré su enorme copa, la que cubre casi toda la plaza, miré su gran tronco y después sus gigantescas raíces, que hace tropezarse a la viejita que va a 50 mt. de ahí. Al quedarme mirando, pensé en lo amigables que son los árboles, protegen de la lluvia en el invierno y cubren del sol en verano y muchas cosas más.
"Te van a pedir que dibujes un árbol al final del test psicológico, hazlo con raíces y dibuja un suelo, eso quiere decir que eres una persona con los pies en la tierra", fue un input que me llegó mientras miraba este enorme ejemplar, me acordaba del exámen psicológico que nos tomaron para entrar en esta pega y algunos datos que te soplan los ya contratados.
Algo pasa con los árboles, algo son...
"Si quieres, Sole, se lo regalamos a medias o si no yo sola, pero mira qué lindo es, pienso que es el regalo ideal para la Pachita ahora que está esperando guagüita, es una cadenita de oro y la figura chiquitita en oro también", "Linda la cadenita, mamá, pero no cacho qué figura es...", "Es un árbol, Sole, el árbol de la familia".
Fue otro recuerdo que tuve mientras seguía mirando, y así muchos más, "Niñitas, si nos llegáramos a perder, juntémonos en el pabellón de Chile, en la puerta ya?", "¿Cuál es el pabellón de Chile, mamá?", "Ese de ahí, el que tiene la bandera de Chile", "Ah! la Sole y yo pensamos que ese era el pabellón de Chile, ese de allá ¡¡jajajaja!!", "No pues, niñitas, ese es el de Estados Unidos!!, ya, saben que más, ven ese árbol ahí al medio, donde está el tractor?, ahí nos juntamos si nos perdemos, además no hay tanta gente allá, de todas maneras, no me suelten la mano, si pasa algo, nos juntamos en el árbol grande de allá" (FISA, Santiago 1980).

Siempre están, siempre ayudan los arbolitos, además significan cosas, me acuerdo de la imagen corporativa de "SUMMA", esa AFP que tenía un árbol como logo. Además de eso, me acordé del logo de la película maravillosa que vi hace dos años, "Big Fish", donde el 40% de la película me divertí mucho, otro 10% me mantuvo muy intrigada por lo genial de Tim Burton y sus laberintos de ficción para llegar a moralejas tan simples. Bueno, y el último 50% me di vueltas con un sólo kleenex para sonarme y tratando de morderme los dedos para no meter tanto ruido al llorar. Más encima fui con ese amigo al cine, este ingeniero bueno pal gimnasio y pa pensar en inversiones que no entiende nada, creo que le di mucha vergüenza, sobre todo cuando me venían esos sollozos venezolanos inevitables, podía verlo con el radio visual lateral que uno tiene, lo veía mirándome con plancha. Es que el protagonista es un guatón igual que mi papá, que le cuenta historias al hijo, la principal era esa de cómo él conoció a su mamá, que era un Gran Pez en un lago... Carismático, entretenido, con inventiva, gordo, ronco, igual que mi papá. Inevitablemente, me vino ese tsunami de recuerdos y sus entretenidas historias y cómo las cuenta, uno sabe que está inventando la mitad del cuento pero no importa, la manera de reunir gente para escucharlo, es increíble, "Empieza de nuevo papá, porfa, porque acaba de llegar el tío con los primos!!", "Pero, Sole, si ellos han oído mil veces la historia de cómo escapamos con mis alumnos de ese cataclismo", entonces interrumpe el tío Mario, "Sí, Jaime, la conocemos, pero curiosamente siempre hay detalles nuevos, empieza de nuevo, por favor", comenta el tío con complicidad y media sonrisa.
Me acordé de mi propio "Big Fish", de cuando vivíamos en Santiago, mi papá no estaba casi nunca en la casa, viajaba mucho por trabajo, entonces era el mejor regalo cuando llegaba a la casa después de no verlo en mucho tiempo. A principios de año, el colegio tenía sus tradicionales "Olimpíadas" en las pistas y en el gimnasio de atrás. Estábamos las tres, con la Pachita teníamos que competir, ella en 300 mt planos y yo en 50 mt, velocidad. Mi mamá nos hacía barra, pero siempre faltaba el papá, y todas las compañeras estaban con sus dos papás...
Me tocaba correr, al lado mío la Isabel, la más rápida del curso junto conmigo, siempre era milimétrico el resultado entre las dos, y en las otras pistas, otras compañeras. Nos hicieron precalentar, elongar un poco. Nos inclinamos con ese típico gesto de una rodilla más atrás que otra, las manos tocando la pista, mirando el suelo, "En sus marcas...", respiración profunda, "Listos..." mirar al fondo de la pista, "Ya!", empezamos a correr, los papás esperando a sus hijas al final de la pista, la Isabel ganando, ganando, ganando, de repente miro, en milésimas de segundos, y HABÍA LLEGADO MI PAPÁ!!!!, estaba al final de la pista, medio agachado y haciendo un gesto con los brazos abiertos como esperando para abrazarme cuando terminara la carrera, la cara con risa. Adelanté a la Isabel como si tubiera turbo, gané y lo abracé. Ese es uno de los momentos más lindos de mi vida, sólo por la magia de haber llegado él justo-justo, como en las películas. Mi amiga y compañera de pista aún se acuerda. Eso era mi Big Fish, eso es. Las dos hermanas "cortamos lana" (así decía la Pachita para referirse a llegar a la meta) en esas Olimpíadas, las medallas están en la casa de mi mamá.
El hijo, en la película, le reclama por tantas mentiras, que nunca ha tenido un verdadero padre, que hasta cuándo con la historia de que él es un pez en vez de humano!!, que los padres hablan con la verdad y hablan del mundo real. La película termina de una manera sublime, con una reconciliación y una muerte linda.
Ahí fue cuando necesité sonarme con la manga de la chaqueta porque el kleenex estaba sopiado con mocos, y mi compañero de asiento, en plena superficialidad, se arrepintió para siempre de haberme invitado al cine.
En fin, algo pasa con los árboles, siempre están. Sigo mirando ese árbol de la Maca, decido cruzar al supermercado para comprarme algo para rearmar mi despensa, mi casa está pelada después de un mes y medio de licencia médica por depresión, tiempo que estuve en Santiago, con mi hermana Pachita, con Vicente, con mi mamá y con guatón Big Fish, que me dio en el gusto en todas mis peticiones, "Ya papá, ahora que estoy con depresión me voy a poner manipuladora, quiero que me cuentes la historia esa de cuando éramos chicas y vimos nacer al ternerito y la Pachita lo salvó porque le limpió la nariz", "Sí, así fue, había nacido el ternero de la Auguria, y no podía respirar y no se movía, entonces el Alejo, el trabajador, pidió ¡tiene que ser alguien con la mano chica para limpiarle la boca y la nariz!!, y a ti te dio miedo, entonces la Pachita, que debe haber tenido unos 8 años, le limpió la nariz y le sacó esos mocos y secreciones del fondo de la garganta, y de a poquito empezó a moverse y a respirar....", entra Rodrigo (mi cuñado) con la Pachita y con Vicentito al living, le pido a mi papá que la cuente de nuevo, aunque ya la ha contado varias veces, pero es que siempre tiene detalles nuevos. Me río con complicidad.


He vuelto.

Comments:
I see, you're back

Good
 
el árbol genealógico se hace al revés, abajo los más viejos y en las ramas, los derivados de.
 
Claro! tienes razón, es al revés.

Pero me hace sentido el orden jerárquico que le dí al dibujo... se relaciona absolutamente con el texto. Seguramente, para un libro científico, un árbol genealógico "correcto" le viene justo-justo.

Ciao Anónimo
 
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