domingo, noviembre 12, 2006

 

Te recuerdo Amanda, al lado de la chimenea y con un plato de berenjenas al vino.

los inviernos también los pasábamos en el campo, nuestras vacaciones a mitad de año eran un momento mágico que nos avisaba a la Pachita y a mí lo rico que iba a ser un verano más, con las vacas y la alfalfa.
Cerca de nuestra parcela, el tío Pablo, un primo de mi papá que no disimulaba su izquierdismo acérrimo, se había comprado una, y nos había invitado pa'llá, tenía una reunión de amigos, quería que fuéramos para compartir un rato.
Llegamos como a las siete de la tarde, habíamos recorrido un camino de tierra lluvioso. Con la Pachita íbamos mirando las gotitas de lluvia en la ventana del auto, pensando que lo más entretenido iba a ser ver a nuestras primas, la Carola y la Francisca que tenían nuestra edad y eran muy divertidas, desde muy chicas gritaban cosas contra el Dictador... "y va a caer", y la justicia y tal. Y sólo tenían siete y ocho años. Eran los primeros años de los ochentas.
Los papás iban conversando adelante, pensando que no nos volviéramos muy tarde, que el tío Pablo era tan bohemio y tan bueno para los alargues y "no se vaaaayan todaviiiiiiía poh hueón, quédense pal último vinito".
Llegamos y esa casa estaba iluminada desde afuera, se veía movimiento, alegría, gritos, chistes.
Saludamos a los tíos, a las primas y el tío nos presentó a sus amigos. Recuerdo a un par que hoy están activos en la política. En la cocina, un gordo barbudo, transpirado revolviendo una olla gigante, "Hola, cómo te llamas princesa?" "Sole, soy sobrina del tío Pablo, es primo de mi papá ¿y usted?", "Me llamo Tito, estoy cocinando una berenjenas que están quedando muy ricas!!".
Algo nos pasó con la Pachita que no nos fuimos a jugar con las primas y nos quedamos con los grandes. Había una mujer de unos treinta años, muy divertida, gritona y con personalidad fuerte, se encargó de decirnos que lleváramos los platos a la cocina, que Tito ya tenía listas sus berenjenas.
Cientos de chistes, risas y gritos anti-pinochetistas entre bocados y sorbos, se armó un ambiente de calor exquisito, al lado de la chimenea se nos iluminaba las caras. Mi mamá muerta de la risa con el tío Pablo, con el que siempre se ha llevado muy bien.
Terminamos de comer, y tenía que pasar lo de siempre, el tío Pablo va a buscar su guitarra y se pone a cantar, casi siempre solo, si está mi mamá, le hace la segunda voz. Pero ese invierno, con esos amigos, el tío tuvo un coro gigante, incluídas la Pachita y yo.
"Sólo le pido a Dios", todos la cantamos. "...vamos decíme, contame todo lo que a vos te está pasando ahora, porque si no cuando está tu alma sola llora...".
El gordo de las berenjenas cerraba los ojos para cantar más fuerte, la mujer de caracter fuerte se paraba y hacía unos bailes catárticos. Mi mamá no desentonaba y seguía al lado del tío Pablo acompañándolo.
Y como siempre, me mira el tío Pablo y dice "ya ahora para mi sobrina", y empieza a cantar Soledad, la que siempre me produce un "glup" en la garganta cuando la escucho, me emociona.

En las pausas, hablaban de Igualdad, Justicia, de que algún día este país iba a ser libre.

El tío Pablo ofreció más vino, todos llenaron sus vasos. Vino un silencio, el tío empezó con unos acordes aislados en su guitarra, luego armó una melodía irreconocible para la Pachita y para mí, era una canción desconocida.
Cerró los ojos y acompañó su guitarra con esta primera línea "Te recuerdo Amanda, la calle mojada...", siguió junto con mi mamá "...corriendo a la fábrica, donde trabajaba Manuel...", y después todos acompañaron "... la sonrisa ancha, la lluvia en el pelo, no importaba nada, ibas a encontrarte con él, con él, con él, con él..."

Era chica, muy chica, pero puedo acordarme de ese momento, lo que produjo en todos y en mí también. Fue la canción más linda, creo que todos la sientieron como una forma linda y armónica de decir lo que gritaban y discutían durante esa reunión.

Nuestras caras con luz de chimenea, acordes de guitarra, unos platos con restos de berenjenas al vino. Nos fuimos más tarde de lo que pensaron los papás mientras hablaban adelante en el auto. El gordo me dijo "Chao princesa, pórtate bien", "Chao Tito, le quedaron muy ricas las berenjenas y canta muy bien", se rió el gordo barbudo y me hizo un cariño en el pelo.

Meses después, en 60 minutos, el noticiario central de esa época, salía el gordo barbudo rodeado de pacos que lo llevaban a la fuerza, todavía podía empuñar una mano al aire. Lo metieron preso, "Papá... es el gordo de las berenjenas, ¿por qué lo llevan a la cárcel? ¿qué hizo?", "Sí mi amor, es el gordo de las berenjenas... no sé, Sole, no sé que hizo...".
Habían organizado algo subversivo junto con la mujer de carácter fuerte, sus nombres no eran esos, eran sus alias.
Todavía nos acordamos del gordo y su simpatía, sus berenjenas y sus ojos cerrados para cantar, junto a la chimenea, todos juntos, los de allá y los de acá, como les hubiera gustado que fuera su país.
Y sí, a veces la vida es eterna en cinco minutos.

This page is powered by Blogger. Isn't yours?